El niño acosado se hace escritor

Fragment del llibre autobiogràfic ‘Para acabar con Eddy Bellegueule’, escrit per per Édouard Louis, que va patir bullying homofòbic durant la infantesa i l’adolescència. Esfereïdor testimoni de tanta violència i de tanta complicitat, però especialment cruel la falta d’humanitat de la família i del veïnat, en negar la violència comesa.

“En el pasillo, el pelirrojo alto y el bajito encorvado voceaban. Un insulto tras otro y además los golpes, y mi silencio, que persistía. Marica, loca, maricón, mariposón, mariquita, sarasa, julandrón, amanerado, invertido, afeminado, bujarrón, puto, o el homosexual, el gay. A veces nos cruzábamos por las escaleras atestadas de alumnos, o en otro sitio, en medio del patio. No podían pegarme delante de todo el mundo, no eran tan tontos, los habrían expulsado. Se conformaban con un insulto, marica nada más (u otra cosa). Nadie de alrededor le daba importancia, pero todo el mundo lo oía. Creo que todo el mundo lo oía porque me acuerdo de la sonrisa de satisfacción que les aparecía en la cara a otros en el patio o en el pasillo, como si les diera gusto ver y oír que el pelirrojo alto y el bajito encorvado hacían justicia y decían lo que todo el mundo pensaba por lo bajo y cuchicheaba al pasar yo, y yo lo oía, Mira, Bellegueule, el maricón.”

Si vols saber-ne més, llig l’article “El niño acosado se hace escritor”, que comença així:

“Durante dos años, Édouard Louis acudió fielmente a la cita con sus acosadores en un pasillo del colegio. No contó las vejaciones ni los golpes hasta muchos años después, cuando decidió escribir un libro sobre su infancia en Hallencourt, un pequeño pueblo del norte de Francia donde no había lugar para la diferencia. Y no lo contó porque Louis batalló contra sí mismo —su amaneramiento, su delicadeza, su orientación sexual— para ser como los demás. Por las mañanas se decía ‘Hoy voy a ser un tío duro’. O, lo que es lo mismo, jugar al fútbol, beber hasta rozar el coma etílico, besar a chicas, faltar a clase, disimular que no le concernían pintadas como “Muerte a losmarikas”. La cima de aquel ejercicio de falseamiento se alcanzó el día que se acercó a otro alumno de su centro, tan sospechoso como él, y le espetó: “Cierra esa bocaza, maricón”.”

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